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sábado, 6 de febrero de 2010

EL PAJARILLO CUÁNTICO

EL PAJARILLO CUÁNTICO …O TUS IDEAS SON TU LIBERTAD

Cuando nacemos somos totalmente naturales. Completamente conectados con nuestro aspecto sabio, fluido, intuitivo, poderoso. Observa cualquier bebé. El intelecto aún no ha opacado su instinto, su sentido común. Su conexión con la existencia, con el universo, con todo lo que le rodea es plena. La mente adulta en su ignorancia, considera que el bebé “aún no sabe nada” y es todo lo contrario, en la inocencia del bebé está contenido todo el conocimiento del humano, desde el inicio de la tierra, de las estrellas, de las galaxias. Si Adolf Hitler le hace una caricia o una mueca, y posteriormente se la hace el Dalai Lama, el intelecto del bebé aún no ha aprendido a discernir si ese aspecto de la existencia que le sonríe a través de esas bocas, es “bueno o malo”. El bebé celebrará a ambas sonrisas y sonreirá. No las juzgará. Porque sencillamente la intuición del bebé, que es el aspecto incognoscible, trascendental de todos nosotros, aún no ha sido eclipsada por la razón y el juicio que más adelante aprenderá a través del intelecto. Cuando un pájaro viene a cantar a tu ventana, el pájaro no piensa: “este humano es un idiota, no cantaré para él y si no hace caso a mi canto, me marcharé de su ventana”. El pájaro cantará para ti le correspondas o no, le juzgues o no, seas o no testigo de su belleza. La realización plena del pájaro como criatura de la vida no se verá en absoluto alterada por los juicios de tu mente ni por tus sentimientos hacia el pájaro. Él está totalmente realizado en sí mismo, no duda de su potencial como cantor, no tiene complejos por el color o calidad de sus plumas, no tiene un debate interior sobre si otros pájaros le verán bello u horrendo, no se siente solo por ir de rama en rama cumpliendo su misión que es embellecer la vida y cantar, no está preocupado por si otras criaturas le aplaudirán cuando emita su voz o serán indiferentes, no tiene ninguna duda de que es amado y sostenido por la inteligencia que lo ha creado, no alberga ningún rencor hacia otros pájaros cuando éstos se llevan una migaja de pan antes que él pueda alcanzarla, porque el pájaro sabe que la inteligencia que le ha creado le dará de comer, le proveerá de materiales para que construya su nido, le dará una familia donde tendrá todo lo que necesite para alimentar a sus crías. No se siente solo ni improductivo varado un rato largo en una rama o en un cable eléctrico admirando la infinita belleza de la creación, no teme por su futuro, no se está cuestionando o culpando por su actuación de ayer o antes de ayer. No alberga remordimientos por ningún suceso pasado, no alberga ninguna ansiedad por los sucesos futuros. El pájaro está inmerso en su presente, el único momento que existe, a gusto a solas y en compañía de otros pájaros. No siente envidia hacia ninguna otra criatura porque sabe que él puede brillar en su máximo esplendor si se entrega a la existencia, a lo que para el pájaro pueda llamarse Dios, de hecho el pájaro siquiera piensa si debe “creer o no creer” en su poder interior. Para el pájaro Dios o la Vida o poder interior es una realidad cotidiana, permanente, incuestionable que siquiera necesita formularse como un interrogante a responder. El pájaro no necesita sacerdotes ni doctores ni teólogos que le adoctrinen en la fe en sí mismo, porque el pájaro ya es en sí mismo su propia religión. No ve diferencias entre la calidad y sustancia entre sí mismo y el resto de la existencia. Jamás te atacará, solo se defenderá si pones en peligro su sustancia, sus crías, su vida, pero jamás te atacará. Incluso si le atacas, el pájaro lo permitirá sin violentarse más allá de lo que le permita su instinto, pero no acuñará una rabia prolongada hacia ti. No deberá ir al siquiatra a relatar cuánto te odia. El pájaro seguirá adelante, olvidándose totalmente de tu ataque y continuara otorgándote su canto sin rencores, ni venganzas ni estrategias. Seguirá maravillado contigo, porque para él eres una criatura maravillosa y con un potencial increíble, le hayas hecho lo que le hayas hecho en el pasado, le insultes o le adules, lo ames o no, le cantes tú a él o no. Sólo que él sabe lo infinito que es y tú lo has olvidado. Pero cuando eras bebé lo sabías, solo que ahora, lo has olvidado. Si el pájaro que tiene un intelecto más sencillo que el tuyo, si su cerebro es menos complejo que el tuyo y logra esas proezas ¿Cómo no vas a lograrlo tú que eres un humano? Para adentrarte en el terreno de la creatividad como una cualidad del universo, de la plena realización como una cualidad de ti mismo que eres una partecita del universo, debes abandonarte a la magia de la intuición. Debes ser como ese pájaro.

Y para adentrarte en el territorio de lo desconocido que implica el gran salto hacia la creatividad y el genio dónde encontrarás tu vocación como nuestro amigo el pájaro, primero debes saber qué eres, quien eres en tu naturaleza esencial y qué narices es eso que llamas “realidad”. Si te pregunto quién eres, me dirás: me llamo fulano de tal, vivo en tal país, estudio o trabajo en tal cosa, deseo ser bombero o arquitecto, etc. Todos esos son rótulos y etiquetas “reales” en la superficie, pero en la profundidad no eres ningunas de esas etiquetas. En la profundidad de ti mismo eres el campo de todas las posibilidades. Para hacer conocible por tu intelecto ese campo dónde todas las posibilidades son “posibles”, necesitas comprender la escala más pequeñita de ese material desconocido que te conforma a ti y a todo lo que existe. Si no tienes unas nociones básicas de los ladrillos que te construyen a ti mismo, a las plantas, los animales y a todos los seres, ¿cómo vas a dar una descripción que sea fidedigna a la pregunta: ¿quién y qué soy? Y la escala más ínfima, más pequeña y accesible al intelecto que poseemos los humanos hoy para conocer el idioma de la creación, es la física de las partículas, la física cuántica. La experiencia del mundo físico es una superstición que hemos aprendido, confiando exclusivamente en nuestros cinco sentidos. Esta superstición acepta la experiencia sensorial como la prueba definitiva de la "realidad" del mundo físico. En este paradigma, en el cual todos estamos atrapados por condicionamiento social, solo es "real" lo que podemos tocar, ver, oír, oler, palpar y degustar con nuestros órganos de percepción. Sin embargo, desde hace ya muchos años, los físicos cuánticos, nos develan una realidad más mágica e incluso más "real", donde hasta la idea de que un objeto es sólido y desconectado de lo demás, es un absurdo, en un caos de energía, vacío e información que parece ser, efectiva y experimentalmente, el universo que habitamos. Déjame que te aclare sencillamente estos conceptos porque son de una importancia tremebunda. De hecho comprender la naturaleza cuántica de la realidad es el descubrimiento más importante que puedas realizar en tu vida para cambiar tu realidad cotidiana y alcanzar tus sueños. Para ello te propongo un ejercicio mental que llamaremos: ver a través de la máscara de la materia. Te garantizo que comprender las implicaciones de este ejercicio te pondrá ante las puertas de la magia que siempre has deseado experimentar. Mira tu mano detenidamente. Sigue sus líneas y pliegues, palpa la textura de tu piel, el color de esa piel, los poros, la sensación de suavidad y blandura de la palma de tu mano. Esa es la mano que te revelan tus sentidos: un objeto sólido, compuesto de carne, huesos y sangre. Ahora intentaremos mirar esa mano con un microscopio gigante que pueda “ver” los componentes más pequeños de tu mano. Imagina a un microscopio de altísima potencia. En la potencia más baja puedes ver un grupo de células, tejidos, y otros componentes orgánicos. Imagina que ajustas la potencia de la lente de nuestro maravilloso microscopio cuántico y comienzas a ver la escala de tu mano en la que se perciben los átomos. Cuando en la escuela se habla de átomos, normalmente nos dicen que tienen un núcleo con protones y neutrones, y que los electrones giran
alrededor de aquél en órbitas fijas y ubicadas a diferentes “distancias”. Pero la distancia entre ese núcleo y la nube de electrones es la proporcional a un cacahuete en medio de un estadio de fútbol, o sea que lo que llamamos sólido, no es sólido en absoluto sino que es prácticamente “algo” lleno de “nada”. Pero esa “nada” es una nada inteligente, de una energía extraordinaria. Y se ha demostrado en laboratorios recientemente que una misma partícula subatómica puede estar en dos sitios a la vez. No distintas partículas, sino “la misma”, aunque nuestro intelecto nos diga que esa información es absurda. ¿Dónde ha quedado tu mano ahora? ¡La hemos descongelado en un maravilloso mundo cuántico! Resulta que esa mano, tu mano que creías sólida y con bordes definidos no es más que manojos fantasmales de energía e información, porque recuerda que ese vacío es “inteligente”. Es decir que nosotros mismos, que “somos esas partículas” podemos estar en dos sitios a la vez. Para ello debemos dejar de percibir al Universo como una serie de entidades separadas en el espacio y en el tiempo, sino como un todo continuo, que es totalmente sincrónico, interconectado y simultáneo en el tiempo si miras lo que llamas “realidad” con este increíble microscopio cuántico. .
Comprendo perfectamente que aceptar estas nociones implica un cambio total de percepción y que implica aparcar en un cajón, le llamaré “el cajón de los sentidos de Newton” el resultado totalmente ilusorio de la experiencia sensorial que nos hace ver como entidades separadas, inconexas en su material esencial y en una secuencia temporal para abrirnos a una idea de universo fluido, cambiante, simultáneo y totalmente interconectado en el espacio y el tiempo, al que llamaré: “el cajón sin los sentidos de Einstein”. Tal como aprendimos en la clase de ciencias, esas partículas sólidas también pueden comportarse como ondas. Aprendimos que las unidades más pequeñas de la materia, como los electrones del átomo, eran “partículas” y que las ondas como la de la luz y el sonido, eran “ondas”. No había confusión entre ambas: las partículas eran partículas y las ondas, ondas. Lo que los científicos descubrieron posteriormente es que una
partícula subatómica es lo que se conoce como paquete de onda. Imagina una onda con sus crestas y valles separadas uniformemente. Un paquete de onda es una concentración de energía de “esa onda”, imagina la misma onda pero que las depresiones y crestas estén muy juntas y vibren muy rápido, eso es lo que llamamos partículas. Le llamaremos cariñosamente: ONDÍCULAS. No puedo en este artículo dar una disertación profunda del complejo mundo cuántico que siquiera el Premio Nobel de Física ha logrado respuestas concluyentes, pero puedo decir con seguridad que lo más cercano y directo para conocer el idioma de Dios es la física cuántica. Tu mano ¿ha dejado de existir? No, en absoluto. Sólo ha ocurrido que al mirarla con tu gafas cuánticas has cruzado el límite entre la materia y la energía y la conclusión que podemos sacar, gracias a los últimos paradigmas científicos, es que tu mano y todo “tú” no es más que unos puntos diseminados de energía en medio de un inmenso espacio vacío. ¡¡¡Cada partícula de materia “sólida” se compone en un 99,999 por ciento de espacio vacío!!! ¿Qué no lo crees? Ve a los laboratorios del Gigante Acelerador de Partículas del Cern y te dirán que sí, efectivamente esa mano que llevas “puesta”, está hecha de nada. Que no te extrañe que esos científicos te miren con picardía y estén ojerosos, porque ni ellos mismos pueden creerlo con la mente racional. Ahora que hemos tocado el espacio cuántico que compone “todo” deseo que te sientas más a gusto allí. Ya sabes que todo está hecho de energía e información, pero hay una “materia prima” con la que plasmas en tu mundo la realidad “física”. Esa materia prima con la que se construye tu mundo y todo lo que hay en él son tus pensamientos y sentimientos. Se ha demostrado en los laboratorios dónde trabajan incansables nuestros ojerosos amigos físicos, de modo irrefutable que el observador influye en lo observado. Es decir que cada vez que miras al campo cuántico con un pensamiento, es decir cada vez que piensas, éste tiene una frecuencia que se emite al universo como si se tratara de una central de radio y lo que vuelve a ti, no son canciones sino imágenes tridimensionales que no son las imágenes de una película de cine sino que son las imágenes de tu vida. Pero que lo que realmente “plasma” en tu realidad esos pensamientos, son tus sentimientos. Tus pensamientos dan forma y tus sentimientos “los hacen manifestar en el mundo físico”. Me dirás, ¿entonces para ser feliz, se trata de que controle mis pensamientos? Eso sería una locura. No puedes controlar el increíble flujo de pensamientos que tienes al día, alrededor de 60.000. Casi todos son los mismos día a día y por eso experimentas una realidad que “parece fija y separada de tu implicación como observador. Digamos que la mente “confunde” el espejismo de la realidad producto del interior y la ve como una realidad objetiva fuera de ti mismo” Pero puedes controlar tus sentimientos que son los indicadores de cuál es la “frecuencia” de lo que estás pensando. Sólo hay dos clases: sentirse bien o sentirse mal. Los sentimientos que te hacen sentir bien, como los amigos, una bella y alegre canción, mirar a un bebé (uno que no llore, claro) atraen a tu mente pensamientos que son positivos y eso se “plasma” en tu realidad porque los pensamientos buenos y positivos son de una frecuencia alta. Hay un método sumamente práctico que he ideado para que sepas siempre en qué frecuencia estás. Imagina una escala del 1 al 10. Los buenos sentimientos que producen buenos pensamientos son de una frecuencia alta, digamos que superior a 5. Si piensas por ejemplo: “qué bonito día hace hoy, tengo problemas pero sé que hay una solución para ellos. ¡Qué bellas son las personas aunque algunas no me quieran como yo deseo!” Esos sentimientos y pensamientos derivados de ellos no tendrán más remedio que manifestar formas de realidad semejantes a esa frecuencia. Todo lo que sea 8 en el universo acudirá a ti como si fueras un imán que atrae cosas positivas. Por el contrario si tienes sentimientos de dolor emocional, de pesimismo, de rencor u envidia, de auto-conmiseración, de baja autoestima, de intolerancia y rabia, esos sentimientos producirán pensamientos de frecuencia baja. Digamos que de una frecuencia 3. Por ende la infalible ley de la atracción no tendrá más opción que manifestarse en formas de realidad negativas. Todo lo que tenga una frecuencia 3 en el Universo acudirá a ti en forma de experiencias negativas. Pero tranquilo, sólo se trata de pensamientos y sentimientos que puedes cambiar en un instante. No importa cuán desesperada sea la situación en la que te encuentres, ésta es producto de tus pensamientos y sentimientos actuales y estos pensamientos derivados de tus emociones negativas son moldeables y su frecuencia de 3 puede pasar a 10 si usas tus recursos interiores. Ponte ropa bonita, escucha una alegre canción, mira una fotografía que te traiga buenos recuerdos, celebra que estás vivo. Ámate tal como eres. La creación te considera infinitamente bello y perfecto. Esos son recursos para cambiar tu frecuencia y elevarla. No te preocupes por tener pensamientos y sentimientos negativos, ¡eres un humano! Se ha demostrado científicamente en numerosos experimentos en muchos laboratorios y en muchas universidades del mundo, que un pensamiento positivo es sumamente más poderoso que uno negativo. Sencillamente tiene una frecuencia más elevada. No debes preocuparte si no entiendes esto a la primera. Yo no entiendo la gravedad y sin embargo sé que es una ley que nunca deja de funcionar, ¡aunque yo no la entienda! Las vacas no salen volando por ahí porque yo no entienda bien la ley de la gravedad. Y este nuevo entendimiento es la magia de la realización. Vuelve al ejercicio de la mano si te has perdido, recuerda que en la escala más íntima del universo, todo es energía que vibra en distintas frecuencias. Por eso todas las personas sabias te dicen que debes “pensar en positivo”. Los sabios de verdad no te lo dicen para que te resignes a tus problemas, enmascarándolos con esos pensamientos, sino están mentando una ley universal que se conoce como la ley de la atracción, de la que te he hablado. Lo semejante “ATRAE” a lo semejante. ¡Sentir y pensar en 9 atrae experiencias 9! Recuerda que lo que debes controlar son tus sentimientos, no tus pensamientos, ya que éstos son derivados de los primeros. Es una ley infalible del Universo que jamás cesa y que ha hecho que hayas atraído todas las experiencias de tu vida, las buenas y las malas, pero de modo inconsciente. Digamos que conocer a Dios es conocer la naturaleza cuántica de todo lo que existe. Conocer la naturaleza cuántica de las cosas es conocer la ley de la atracción y es la clave para la paz mundial y la realización personal, ya que se trata de aprender a “pensar y sentir mejor”. ¡Hay que sentir y pensar por encima del 5! Los pensamientos que son productos de buenos sentimientos como la compasión, la alegría, el optimismo, la tolerancia; por obra y gracia de esa ley infalible traerán a tu vida experiencias positivas. Te pondré un ejemplo. Haz este ejercicio mental: imagina por un momento a la persona por la que más hostilidad sientas. Imagínate frente a esa persona. Esa persona parece distinta a
ti, separada de ti por un espacio, con bordes definidos, cuyo material se mantiene estable y la naturaleza de ese material, parece efectivamente, sólido. Recuerda tu mano cuántica que ahora sabes que es fluida y conectada con todo lo demás. Ahora imagina que te pones otra vez las “gafas cuánticas”, unas gafas que te permitieran ver a esa persona que tanto te irrita, en su escala más pequeña. Harías el más sorprendente de los descubrimientos. Con esas “gafas cuánticas” verías que tus partículas subatómicas están ahora en el cuerpo cuántico de tu antipático amigo-enemigo y que el material que a los ojos “normales” parece distinto al tuyo, ahora está en tu cuerpo. En el nivel cuántico, tú y tu peor enemigo sois el mismo cuerpo y ambos cuerpos intercambian su “material” todo el tiempo con el cuerpo del Universo. Recuerda que nuestros ojerosos amigos físicos cuánticos se están dejando la piel para que nosotros comprendamos estas cosas. Es decir que tú, tu peor enemigo y el resto del cosmos son la misma cosa. Imagina que ese entendimiento afecta directamente en las emociones que sientes por esa persona y que este nuevo y refrescante
descubrimiento de que ambos “sois la misma cosa hecha de vacío” hacen cambiar, a través del sentido común, tu hostilidad y comienzas a amarle o al menos a sentirte empático hacia él. Como dos personas que se sienten del mismo equipo de fútbol. No porque te lo diga nadie fuera de ti, que “debes amarle”, sino porque este nuevo entendimiento de la realidad te lleva directamente a la empatía por esa persona, al comprobar y saber que tú y esa persona compartís el mismo espacio unificado. ¿Y qué hay de nuestro pájaro del principio de este cuento? Nuestro querido y despreocupado pájaro “sabe” en su fuero interno todas estas cosas. Las sabe porque su instinto está totalmente desarrollado. El pájaro y toda la naturaleza conocen por experiencia propia que son “cuánticos “y por eso viven tan felices y cumplen su misión sin estrés ni preocupaciones tontas”. No han olvidado como tú y yo nuestra naturaleza esencial. Ahora que has traspasado los límites del mundo de la materia, quiero llevarte al mundo de tus sueños y anhelos. Para ello debes convertirte interiormente en ese pájaro y realizarte como él y ello implica que tienes como él, unas cualidades innatas, seas quien seas, vivas donde vivas, y sean cuales sean tus circunstancias actuales. Esas cualidades son tus talentos únicos. Ningún otro ser humano tiene en el planeta tus cualidades que son únicas e irrepetibles. Pienses lo que pienses de ti mismo y piensen lo que piensen de ti mismo los demás hay un don o varios que posees y que si los exploras y desarrollas te haces un bien enorme a ti mismo y a los demás. Conectar con tu potencial es conectar con tu naturaleza cuántica, dónde existes, como el pájaro en un campo de infinitas posibilidades a tu alcance. Pero para conocer esas cualidades debes hacer un trayecto, desarrollar un camino en el que pueda que existan obstáculos, creados por ti mismo de manera inconsciente para aprender como si fueras al cole, sólo que no se trata del cole sino de tu vida. Muchas personas en ese camino te instarán a desistir de alcanzar tus sueños, pero depende de ti confiar en tu potencial del mismo modo que el pajarillo de nuestra historia cuántica ha confiado plenamente en que hay un plan magistral de la Naturaleza para él y que es sostenido y amado por la increíble inteligencia que le ha creado. Esa inteligencia, le llames como le llames: Dios, Universo, Ser Superior, campo cuántico, no le des importancia a las palabras, he usado Dios, pero si tiene una connotación religiosa para ti no la uses, usa consciencia, o poder interior mejor…pero “eso” que es tú mismo te sostiene, te ama infinitamente y te ha dado la intuición para guiarte, del mismo modo que el pájaro usa su instinto para guiarse y ser plenamente feliz. Esa intuición no es racional, no está en el campo de la mente, es algo que sientes y que tiene unos síntomas. Se manifiesta a través de pistas y señales que el Universo te va dejando todo el tiempo como si se tratara de un juego de misterio que sostienes con Dios. Si te abres a tu intuición, si confías en esas coincidencias sincrónicas que todos hemos experimentado y de las cuales nos hemos beneficiado muchas veces, y te abandonas a la sabiduría de la incertidumbre, tus sueños están a tu alcance. Esas pistas y coincidencias que llamas “casualidades” son el lenguaje de Dios, del Universo, para contarte sus planes. Una llamada de alguien en quien estabas pensando, un letrero que ves en la calle, unas palabras oídas al azar, el título de un libro, una canción. Si estás alerta al lenguaje del Universo cuyo idioma son esas coincidencias, estás en el camino de tus sueños. Es la manera que tiene la inteligencia que te ha creado de susurrarte sus planes. Tus deseos más íntimos y evolutivos son los planes de Dios. Si usas tus capacidades para ayudar a los demás, tus planes están en consonancia con los planes de Dios, son sincrónicos y la ley de la atracción cuántica de la que hablamos antes, harán que se cumplan con facilidad. Pero debes hacer un pacto contigo mismo de honestidad y de sinceridad y responder a estas preguntas: ¿Qué he venido a dar? ¿Cuál es mi misión en el Universo? ¿Qué se me da bien hacer? ¿Cuáles creo que son mis cualidades personales y que nadie más posee? ¿Cómo puedo ayudar a mi prójimo humano? Recuerda, igual que el pajarillo cuántico, estás guiado por la fuerza que te construye a ti y a toda la creación y que te ama incondicionalmente y una vez que respondes a estas básicas y esenciales preguntas, el Universo te proveerá de todo lo que necesites: recursos económicos, humanos, información que necesites. Sólo debes amar desde tus talentos, desarrollarlos, y abandonarte a la confianza que hay un plan de Dios mayor a tu comprensión actual, para ti y que si vives en armonía como el pájaro con todo tu entorno, los desarrollas con paciencia, a sabiendas que darán sus frutos cuando maduren y sea el momento oportuno, no sucumbiendo a los obstáculos que son oportunidades de crecimiento, esos sueños se cumplirán. Cómo el pájaro de nuestra historia, canta a los demás tu mejor canción, no importa si los demás te aplauden o no. El reconocimiento puede llegar o no, la fama no es lo importante, sino que estás brindando tu más bella canción a los otros humanos. El pajarillo lo hace así, tú también puedes.


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