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domingo, 4 de abril de 2010

RESURRECCIÓN DEL ASOMBRO

Te levantas por la mañana y visionas en el espejo a un mamífero magnífico, una maravilla de diseño antropomórfico, una joya, una obra de arte. Sí, tú, detrás de todos los comentarios de tu mente, eres un engranaje excepcional de las matemáticas de la Vida. Un increíble aparato digestivo, sensorial, motor, con un sistema nervioso que ningún ordenador del mundo puede igualar en rapidez e imaginación. Y por debajo de estos asombrosos diseños, pande el vacío como idioma sosteniendo cada forma de cada una de tus moléculas y células en una danza infinita de quarks que sólo son inteligencia. Entonces vas al grifo del baño, y explota un caudal transparente de algo que el hombre llama agua, algo que te compone en un 70 por ciento y compone también a casi toda el andamiaje de la Vida. Y tus manos, que son una obra maestra de la ingeniería motriz, de la delicadeza del diseño arquitectónico, se impregna de ese elixir sin el cual no sería posible tu mente obsesa ahora en toda clase de problemas. ¿Notas que te estás perdiendo algo magistral al no reparar en el Origen de todas las cosas? ¿No notas que ese esplendor acude a cada porción de tu habitación, del árbol que mora silente en tu ventana, de cada humano con el que te relacionas desde la mente juez? ¿No notas acaso que tu perímetro alcanza las galaxias a través de este ejercicio del asombro y en cada juicio y comentario mental no te elevas más de un palmo del suelo? En cada juicio quemas lo magistral de la existencia, que es sólo un extenso campo de silencio. En cada juicio hacia ti, hacia lo demás y hacia lo que ocurre, quemas lo sagrado de lo percibido. Vuelves carbón al diamante del ahora. Por eso te invito a la resurrección del asombro, a percibir sin nombrar, a dejar de colocar carteles y pancartas, en el misterio.

2 comentarios:

  1. Gracias, miles de gracias mujer.

    Cariños enormes.

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  2. Gracias a ti por agradecerme, justo hoy que me mengua la autoestima. Gracias a ti, he leído mi entrada (escrita desde mi Yo, no desde mi yo) y mi yo pequeño se ha calmado

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