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domingo, 30 de octubre de 2011

IMAGINA QUE UN DÍA

Imagina que un día te levantas de la cama y en lugar de ser atrapado inmediatamente por pensamientos de este tipo: ¿en qué la vida me completará ahora? o ¿Qué puedo demandar a la vida y a la gente hoy? o ¿Qué le falta a "mi" vida para estar completa?...imagina si en lugar de ser engullido por estos pensamientos, una gran calma y gratitud te invaden. Imagina que cuando pones los pies en el suelo lo primero que viene a tu mente es "gracias, gracias, gracias". Imagina que sientes al abrir el día que en ese momento no eres un fragmento separado de la totalidad. ¿Y qué es eso de la totalidad? ¿Una idea, otro objeto mental del ego, un nuevo producto en el mercado? No. Es lo que es. Es la profundidad de todo lo que hay en tu percepción y más allá de tu percepción. Imagina que un día te levantas totalmente integrado a los muebles de tu dormitorio, y a los del salón, y a las plantas que hay más allá de la ventana y a las personas que hay unos metros más allá. Imagina que ya no te ves a ti mismo como una silueta separada de nada ni de nadie, sino como una hebra más en ese tejido que nunca sabrás a ciencia cierta que es. Integrado  en ese tejido que los científicos buscan y buscan con ahínco y casi desesperación para mensurar y definir y jamás lo encuentran. Ese tejido que llamamos Vida y que quizás jamás podamos medir porque es la consciencia que se busca a sí misma. Imagina que un día ya no te sientes más, nunca más, separado de ese tejido. Hay en ti ahora una profundidad, un entendimiento que nunca antes habías experimentado. Hay en ti esa mañana una calma chicha inigualable que reemplaza la continua ansiedad de otros días, de otros años. Y esa calma, ya no es una calma intelectual, no es una calma provocada porque los sucesos de tu vida por fin ¡por fin! van bien. No. Es una calma que viene de muy abajo de ti mismo,  una calma que no tiene relación con lo que "ocurra", una paz imperturbable con unos matices de alegría y entusiasmo que antes no habías experimentado. Imagina que ya no encuentras más hostilidad en ti. Imagina que de pronto es como si se cayera un velo que ha estado enturbiando toda tu vida durante décadas y ahora ese velo de separación entre algo llamado "tú" y algo llamado "universo" ya no existiera. Sientes de una vez por todas que tu sufrimiento estaba en tu mente. Que los enemigos estaban en tu mente, que las carencias y dolores, estaban en tu mente. Allí se cocinaron, allí pueden desaparecer.  Comprendes de una vez por todas que lo que ocurría "antes" es que momento a momento tomabas al instante único de tu existir, el presente, como un enemigo y la Vida entonces te daba la razón: el presente era tu enemigo.Hallabas enemigos en las personas, en los hechos, en los objetos.  Imagina que de pronto escuchas las interminables historias de la gente cuando te cuenta "su vida" y que te sientes identificado con ese parloteo mental tuyo inacabable cuya estructura es siempre la misma: "no puedo ahora estar en paz con la existencia: por esto, por aquello, por fulano, por mengano, por esta situación". Imagina que sientes una infinita compasión por la gente cuando te cuenta las películas de  terror de sus vidas porque tú también viviste desde el infierno de la mente. Tú también viviste momento a momento como si todo el universo estuviera en tu contra. Pero de pronto un día, algo ha cambiado en ti, una voz muy profunda que viene de muy, pero muy abajo de ti mismo, te dice que ese modo de vivir es incorrecto, incoherente, que no es sano. Imagina que ahora cuando las personas te cuentan sus dramas, lo que tú sientes es una infinita paz que viene de ese territorio en paz que compartes con la persona que está hablando contigo y que tu paz y la paz de esa persona se saludan.  ¡Dos paces profundas saludándose.! UN VERDADERO DIÁLOGO. Ahora esa persona siente que está en paz y que  todo eso tan horroroso que le pasa, es irrelevante. Tu estado de alerta presente, tu estado de paz profunda, de relativizar todo influye en el campo energético de esa persona que te está contando el culebrón de turno que ahora ocupa su mente. Y como tú has sido un experto en culebrones, como tú has sido en el pasado un mejor cineasta del mundo en proyectar culebrones,  lo que sientes ahora es espacio. Espacio alrededor de tu propio problema y espacio alrededor del problema de la otra persona. Y la otra persona entonces "siente" que su problema es irrisorio. Ambos, tú y el otro, han entrado en el espacio de la realidad. Allí, ese espacio, sin objetos mentales. Sin pensamiento, está la realidad del ser humano. No eres indiferente al otro, ahora las paces internas están de fiesta, se han ido juntas a pasear, esas paces son las que conversan, no ya los egos heridos. 
Imagina que un día los pensamientos compulsivos que afectan a la mayoría de la gente ya no están en ti. Ya no te sientes identificado con toda esa cháchara interna insoportable sobre los acontecimientos de algo llamado "tu vida". Sencillamente te levantas como un pedazo de consciencia integrado sin más. Sin identidad absoluta, sin historia personal absoluta, sin profesión absoluta, sin enfermedad absoluta, solo un retazo de consciencia, de vida integrado al tejido Vida por excelencia. De pronto te das cuenta que no puedes morir, que no puedes perder nada en ese tejido. Tú eres el tejido, en él nada se pierde. Siquiera "tu vida" puede perderse. Es como si hubieras decidido morir en vida, porque ahora entiendes que el miedo último del ego es morir, pero tú ya has muerto en vida. Sabes ahora, lo experimentas, que eres Vida y no tienes ese corral cerrado de la gente que llama "mi vida y mis asuntos" y que todo el mundo lucha incansablemente a diario para que ese corral llamado "mi vida" se mantenga en orden. Y nunca se mantiene en orden, porque es un cauce en movimiento. Imagina que ahora las formas del mundo, las personas, las cosas, los hechos los ves parte de ese tejido móvil y ya no te aferrar a ellos. Imagina que ya no vas por ahí contándole a todo el mundo que estás aferrado a una forma a la cual llamas trabajo, persona o cosa y que si lo "pierdes" te mueres. Tú ya estás muerto en vida, eso no te afecta. Estás muerto antes de morir y eso es maravilloso, porque el miedo último del ego ya no está, el miedo a perder todo del ego, ya no está. Ya lo has perdido todo, pero voluntariamente. Se lo has entregado al universo. Le has dicho al universo: te doy mi yo, mi historia personal, mi identidad, te las devuelvo.  De pronto un día, has desaparecido. Has muerto a la forma absoluta de tu cuerpo Sientes que eres un punto de consciencia local, pero comprendes desde tu profundidad, que tu cuerpo es mucho más que eso que te devuelven los sentidos. Ves un árbol y sientes que eres el árbol. Ves a un niño y sientes que eres el niño. Ves a tu enemigo y sientes que eres el enemigo. Ves a una taza de café y sientes que eres no solo el café, sino la taza y la cucharilla. Has sencillamente hecho un pacto de amistad con la Vida. Te has integrado. Ya has muerto, entonces no puedes temer perder el trabajo, a las personas y a las cosas,porque ya estás muerto en vida. Has muerto a pensar compulsamente  sobre "tus asuntos". Has muerto a fragmentar la integridad de la Vida en partes. Eso ya no te satisface. Eso ya no es importante para ti. Ya no tienes vida, eres Vida. Ya no temes morir, porque sabes que mueres a cada rato a la forma y ahora tienes la experiencia del espacio que sostiene a todas las formas. Imagina que un día los pensamientos ya no te atrapan...eres una gota más en el océano de la vida, sin miedo. Y todo aquello que sale en los periódicos, que afecta a la mayoría, ahora ya no te atrapa como antes. Lo lees, lo comprendes, pero eso ya no tiene una realidad absoluta para ti. Durante un tiempo quizás sientas que ya no encajas con los otros. Eso es bueno, no te preocupes. Durante un tiempo quizás sientas que ya no sabes quien eres, que ya no tienes identidad definida. Eso es sano, no te inquietes. Durante un tiempo la gente te tomará como una persona muy despreocupada y casi indiferente. Pensarán que eres indiferente a su interminables dramas. Pero eso no es así, sencillamente tu paz está hablando en la profundidad con la paz del otro, mientras en la superficie el ego suelta todas sus artimañas sobre el horror de tu vida. Imagina que un día esa paz ya no te abandona jamás y te ríes, a carcajada limpia de todas tus preocupaciones. De pronto sientes como una especie de sobriedad en un mundo lleno de gente que ha bebido.De pronto sabes lo que tienes que hacer momento a momento, porque momento a momento pactas amistad con el universo. Entonces ya no accionas como un animal  loco y perturbado, sino como alguien inspirado. Una pequeña acción mueve mundos.  De pronto comprendes la estructura del dolor y el sufrimiento y lo único que deseas es poder ayudar a otros a llegar a ese territorio de paz y cumplir con tu propósito. Imagina....

1 comentario:

  1. Imagino todas estas cosas maravillosas de las que hablas Cris, feliz por las que además de imaginar puedo ya experimentar, feliz por las que aún no he experimentado pero llegarán... y encantada de vivirlas con amistades tan enriquecedoras como la tuya.

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